Ascenso y caída de un general
Con el tiempo, el poder de Madureira se fue expandiendo más allá de la curva sur del Dragão, hasta convertirse en una especie de héroe de cómic, sin límites en la acción e inmune a las consecuencias.
Fernando Madureira, conocido en los ambientes más prosaicos del mundo del fútbol por su apodo ‘macaco’, vive tiempos de una angustia doble y aflictiva por la privación de libertad que le ha sido judicialmente impuesta y por la posible anulación de su título de socio del FC Porto, que podría serle impuesta en el marco de un proceso disciplinario que le será instaurado en su club de siempre.
Sinceramente, no sé cuál de estos dos daños le causará más tristeza y sufrimiento. Madureira fue líder de la hinchada de los Super Dragões durante 30 años y llegó a ser –créalo o no– un líder no oficial, pero notoriamente reconocido, de la hinchada de apoyo de la Selección Portuguesa durante el célebre Euro-2016, que nos otorgó el inolvidable título de campeones de Europa.
A lo largo de décadas, con el apoyo y la protección material y espiritual de Pinto da Costa, Madureira era visto solo como una suerte de enfant terrible, a quien no pocos encontraban cierta gracia, sobre todo por los desasosiegos que provocaba entre los aficionados rivales y, no en menor medida, entre los disidentes del entonces sagrado régimen portista.
Con el tiempo, el poder de Madureira se fue expandiendo mucho más allá de la curva sur del estadio del Dragão, hasta convertirse en una especie de héroe de cómic, sin límites en la acción e inmune a las consecuencias, lo que, naturalmente, debería haber levantado desde hace mucho tiempo serias interrogantes sobre la complicidad del sistema político, judicial e incluso asociativo.
Fue necesaria una revolución provocada por la impactante elección de André Villas-Boas, que derribó el régimen de Pinto da Costa, para exponer, por fin, a Fernando Madureira y a sus muchachos al plano de una nueva realidad legal y policial, que inmediatamente actuó sin titubear.
Pinto da Costa, su reconocido amigo y admirador, ya no ocupaba la presidencia del club, su estatus lo hacía ahora mucho menos relevante en lo que había sido una enorme capacidad de influencia en el sistema, y Madureira vio ahuyentarse el apoyo que esperaba recibir de su anteriormente poderoso ejército de Super Dragões. Así, desamparado y desprotegido, vio crecer graves acusaciones en el llamado proceso Pretoriano. El futuro no es prometedor.
Villas-Boas, el joven líder victorioso, no tiene cómo perdonarle. Sufrió consecuencias físicas y psicológicas por haber tenido la osadía de desafiar el régimen y vio a familia, amigos y compañeros de trayectoria electoral ser enfrentados en un club en estado de pre-guerra civil. El nuevo presidente rompe definitivamente con el estilo y el orden del pasado, quiere un FC Porto diferente, vencedor, sí, pero moderno y civilizado. En un club así, elementos como Fernando Madureira tendrán que quedarse fuera. Y, sin embargo, este temido general del régimen anterior era el mismo que, por ironía, habría cumplido los requisitos para convertirse en maestro del deporte, con una pequeña tesis en la que defendió el proyecto de la Bancada Total con miras a un fútbol moderno que debería considerar la importancia de “la estrategia entre el club y su hinchada de apoyo”, considerando, a su vez, que dicha hinchada debería “estar al tanto de la ley”.
Madureira, que ahora es acusado de ser responsable por actos de violencia e intimidación como líder de los Super Dragões, había, antes, conquistado el reconocimiento universitario al defender una teoría para el fútbol moderno, donde las hinchadas deberían tener “la responsabilidad de crear y ofrecer entretenimiento… de manera que logren atraer más público y sobre todo cada vez más familias”. La naturaleza humana es complicada.
Celebremos el logro, celebremos al atleta. Iúri Leitão conquistó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de París 2024. El Omnium es una modalidad compleja, donde todos los ciclistas alrededor de una pista suman puntos en cuatro variantes. No es fácil de entender, pero entre una sociedad de naciones en bicicleta se notó que emergía un portugués. También sería bueno reconocer la importancia del trabajo realizado en el Centro de Alto Rendimiento de Anadia y en el velódromo de Sangalhos. Y aprender de ello.
De prescripción en prescripción se diluye todo el (antes) mediático caso Sócrates. El complejo proceso que señalaba graves crímenes cometidos por el ex-primer ministro de Portugal se acerca a una década, y aún sin llegar a los tribunales. Probablemente nunca llegará. Y todo esto parece suceder sin escándalo, lo que sugiere que los portugueses aceptan vivir con la triste justicia que les proporcionan.
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