Premio
La conquista del FIFA The Best por parte del brasileño Vinicius Júnior es mucho más un reconocimiento a su lucha contra el racismo que al fútbol que ha presentado. Vini Jr. es un gran jugador, pero está kilómetros por debajo de Romário, Ronaldo Fenómeno, Rivaldo y Ronaldinho Gaúcho, ilustres predecesores, y se le puede equiparar a Kaká, el último brasileño en ser contemplado.
El desempeño de Vini Jr. en la selección brasileña hasta hoy no ha alcanzado el nivel de la élite. Es un atacante insinuante, con regate predecible, pero aun así no deja de ser hermoso, y es un agitador dentro del campo. El Real Madrid ni siquiera lo tiene como el principal ídolo, prerrogativa del francés Mbappé.
La cruz que Vini Jr. suele cargar es perniciosa y está marcada por los tintes del odio. Vini Jr. lucha contra defensores y aficionados violentos que atacan el color de su piel como un mantra, recordando que la piel negra no es superior al talento en las cuatro líneas.
En mi opinión, los mejores jugadores con actuación en Brasil son Estevão del Palmeiras y Luis Henrique del Botafogo, equivalentes al talento de Vini Jr. El trofeo que obtuvo lo hace un poco menos irrelevante en el fútbol brasileño, que va cojeando en las Eliminatorias de la Copa 2026, juegue o no el nuevo crack del año.
A Vini Jr. le falta la genialidad carioca de Romário, el talento y la irreverencia en los toques fantásticos para desbordar a los defensores como lo hizo. Romário, para mí, es el mejor jugador nacional después de Zico y nunca dejó de cumplir lo que prometía: respondía a los ataques y provocaciones con goles espectaculares.
Romário enfrentó a nadie menos que Franco Baresi, uno de los mejores defensores del mundo de todos los tiempos, y también luchó contra Koeman, un holandés parecido a una muralla, al igual que el categórico paraguayo Gamarra.
Hubo un tiempo antes y después de Romário y su supremacía se forjó en los partidos callejeros en los campos de arena, donde perfeccionó su colocación, sus arranques letales y sus magníficos regateos, sin mencionar sus finalizaciones implacables.
Aparte de la generación derrotada de 1982, con Zico, Sócrates y Falcão, Brasil vivió un hiato de 24 años entre los tricampeones comandados por Pelé y la generación que conquistó el tetracampeonato al vencer a Italia en los penales.
Al igual que Pelé, rodeado de estrellas como Carlos Alberto Torres, Clodoaldo, Jairzinho, Gerson, Tostão y Paulo Cézar Caju, Romário fue anclado por los laterales Jorginho y Branco, el volante Dunga y su pareja futbolística llamada Bebeto, injustamente menospreciado a lo largo de su carrera por jugar en demasía.
Rivaldo comenzó en Santa Cruz (PE) y fue cedido a Mogi-Mirim (SP) como contraparte de Válber y Leto, los principales refuerzos del fallecido técnico Vadão en 1993. Rivaldo hizo jugadas impactantes que contradicían su timidez fuera del campo, pasó por el Corinthians y brilló en el Palmeiras, un equipo formidable que contaba con Djalminha, Luizão, César Sampaio, Edmundo y Edilson.
Vendido al Barcelona, se cansó de marcar goles espectaculares de volea, dominando el balón de espaldas a defensores incrédulos y disparando con fuerza sin darle oportunidades a los pobres porteros. Rivaldo también tuvo dos Copas maravillosas en 1998 y 2002, para mí el mejor del elenco formado por Luís Felipe Scolari.
Rivaldo podría haber ido en 1994, pero fue víctima de la dupla Parreira/Zagallo que prefirió convocar al oscuro atacante Paulo Sérgio, quien no destacó en el Corinthians y logró marcar algunos goles en el Bayern de Múnich. Entre Viola, quien hizo una gran prórroga ante Italia y Paulo Sérgio, Viola ganaba por lejos.
Inferior a Romário y Rivaldo, Ronaldinho Fenómeno hizo honor a su apodo desde sus primeros pasos en São Cristóvão en Río de Janeiro hasta llegar y deslumbrar en Cruzeiro a los 17 años. Monstruoso en el Barcelona, tuvo mala suerte en el Inter de Milán, pero es definitivamente el segundo mejor delantero del país después de Romário.
Cuando escucho samba, recuerdo a Ronaldinho Gaúcho y los toques peculiares similares a los de Mário Sérgio Pontes de Paiva, que miraba para un lado y desarmaba a los defensores con toques sofisticados de genio. Ronaldinho Gaúcho fue el Mário Sérgio moderno.
Me tomé la libertad de citar a los otros para trazar un parámetro y mostrar que Vini Jr. es de buen gusto en el fútbol, inferior a su papel como embajador contra la ira. Solo por eso, valdría el premio que recibió. Falta mejorar en la selección.
Robinho: El ABC anuncia al atacante Robinho, quien tuvo una breve pero notable trayectoria en el Caxias (RS). La afición se animó ya que un refuerzo importante es aquel que llega con expectativas de gol.
Rui Barbosa: Un caso raro de justicia en el fútbol fue el regreso del ex presidente del ABC como uno de los vicepresidentes en la gestión de Dudu Machado. Rui formó el equipo de 1983, uno de los cinco mejores en la historia del club, con 114 goles marcados.
Mando: El mando de campo para el primer clásico contra el América en el campeonato estatal del próximo año será del ABC. La fecha será el 25 o 26 de enero en el Frasqueirão.
Ahora, sí: El Santa Cruz (PE) puede estar cayendo a pedazos, pero es un adversario tradicional para que el América ponga a prueba su equipo. Leston Júnior está probando piezas.
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